El Miedo… Nunca más.
Recuerdo lucidamente cómo el miedo me encubría cuando era pequeño. Desde los primeros años de mi vida, el miedo fue un constante compañero. No importaba si era la oscuridad de la noche, las sombras que en ocasiones veía o los ruidos que provenían de la calle o el patio de la casa. El miedo estaba siempre presente, acechando en cada rincón de mi mente. A medida que fui creciendo, descubrí que el miedo no solo se manifestaba en las situaciones obvias y aterradoras, sino también en circunstancias cotidianas. El miedo a hablar en público, el miedo al fracaso, el miedo a ser juzgado, el miedo a ser rechazado. El miedo se había incrustado en mí y se había convertido en un obstáculo para mi crecimiento y desarrollo personal. Pero a medida que transcurría el tiempo, comprendí que el miedo era una oportunidad para enfrentar mis propias limitaciones y superarlas. Descubrí que el miedo podía ser un promotor para el crecimiento. Pues cada vez que me enfrentaba a mis miedos, me sentía más fuerte y más valiente. Hoy en día, el miedo sigue siendo una parte de mi vida. Aunque ya no le temo a las sombras o a los ruidos extraños, el miedo ya se presenta en diferentes formas. El miedo a tomar decisiones difíciles, el miedo al cambio, el miedo a lo desconocido. Pero ahora, en lugar de huir del miedo, lo enfrento. Lo veo como una señal de que estoy desafiando mis propios límites y creciendo como persona. El miedo ya no me neutraliza, sino que me motiva a seguir adelante a tener más fuerza. Aceptar el miedo como parte de mi vida y de mi ser, me ha permitido abrazar mi vulnerabilidad y aprender a confiar en mí. Aunque el miedo puede ser abrumador en ocasiones, sé que al enfrentarlo y superarlo, puedo descubrir nuevas fortalezas y alcanzar metas que nunca pensé posibles.
0 Comentarios